Deportes / 12-07-2010

Ganaron los buenos


España fue un campeón que reivindicó lo mejor del fútbol bien jugado. Lo hizo con la base del Barcelona y varios catalanes en el equipo, en el marco de un debate con tintes políticos


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Cuestión de identidad
Vicente Del Bosque no es Pep Guardiola, y sería injusto (e ingenuo) decir que el viejo sabio de bigotes apenas puso el piloto automático para que los baluartes del Barcelona hicieran lo suyo. Hubo una revolución previa, sí, pero en definitiva el seleccionador español sabía que iba a chocar de antemano con el mismo problema que el resto de sus colegas: el escaso tiempo de trabajo para ensayar una idea tan osada.


Hubo recambio entre aquel equipo campeón de la Euro, hace sólo dos años y comandado por Luis Aragonés, y este que se consagró por primera vez en la historia de los mundiales. Piqué y Sergio Busquets encabezan la lista . La tendencia fue "catalanizar" a "La Furia", lo cual reavivó debates cuyos orígenes se remontan a la Guerra Civil del siglo pasado.

A los mencionados se agregan Carles Puyol, Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Pedro, titular en los últimos dos encuentros. Pueden sumarse el arquero suplente Víctor Valdés, el talentoso Cesc Fabregas y hasta Joan Capdevilla, catalán que no pasó ni de cerca por el FC Barcelona. Ellos tuvieron un protagonismo un tanto menor. Afuera, en las calles, todos jugaron su parte. El mismo día en que la selección levantó la copa, casi un millón de catalanes se manifestó para pedir la independencia.

Hay quienes llevan esa discusión incluso al plano de si ser "hincha" o "contra" de la selección española. El diario La Vanguardia, de Barcelona, publicó en su edición de hoy una columna titulada "¿Visca (qué) España?". Un párrafo dice, a propósito de la influencia catalana en el equipo: "La España que representa esta selección no existe. Existiría si 10 de los 17 ministerios españoles estuviesen instalados en Catalunya, con todo lo que eso comportaría desde el punto de vista cultural y financiero".

Un título similar, pero con connotaciones totalmente diferentes, se leía en la portada de As, diario de Madrid, luego del triunfo en las semifinales frente a Inglaterra. "¡Visca España!", sorprendía, y mostraba en primer plano al catalán Puyol, autor del gol del triunfo. "Puyol les mete en la final", rezaba, por su parte, el diario El Punt. Todo un debate gramatical ("les") que, no obstante, resultó un tanto sugestivo viniendo de un diario de Cataluña...

Muchos catalanes se encontraron durante el Mundial con el corazón partido entre su identidad y el cariño por aquellos jugadores que brillan en el club blaugrana. Otro columnista de un diario catalán, El Periódico, lo resumió sin rodeos: "Ningún reproche a los jugadores. Pero no los siento míos. Quien quiera ir con España, que vaya. Pero que no me lo planteen como una obligación que va asociada a mi carnet de identidad, a mi ciudadanía. Quiero poder no ir con España". Todo ello formó parte del proceso que desembocó en este inédito éxito. Los jugadores, con o sin intención, se mostraron siempre unidos.

La historia según los resultados
España perdió el primer partido de la Copa del Mundo, ante Suiza. "Cura de humildad", rezaba el titular más destacado de la edición digital del diario Marca . Al otro día, la versión impresa del mismo periódico -el mismo que, por otra parte, había alentado el favoritismo de "La Furia"- se preguntaba si esta de Del Bosque no era "la España de siempre". Apenas había pasado el debut. A la misma altura de Alemania 2006, tras la goleada por 4-0 sobre Ucrania, Marca se la jugaba: "A que ganamos el Mundial...". La aventura finalizó en octavos de final.


Diagramar el juego de ángeles y demonios fugaces se convirtió en una verdadera industria en eso de picar carne. Sin límites. España fue presentada como candidata en la mayoría de los últimos mundiales. Llegó y se fue como siempre. Decepcionada. Pero nunca pasó desapercibida. Desde 1978 a esta parte, la única vez que acabó eliminada en primera ronda fue en Francia 98. Y ni siquiera de allí se fue sin jugar uno de los mejores partidos que se recuerden en los mundiales, el de la derrota por 3 a 2 ante Nigeria.

Ese también era un equipo con buena materia primera. Pero, desde el banco, Javier Clemente se preocupaba demasiado por no perder. Fue criticado por la prensa durante todo su ciclo. Perdió sólo 6 de los 62 partidos que dirigió. Pero perdió antes que siempre (la instancia preferida siempre fue cuartos de final) y lo pagó carísimo. La Federación española renovó su contrato para que siguiera al frente del representativo nacional, pero todo se terminó con una sorpresiva derrota ante Chipre.

Algo entendió España de sus sucesivos fracasos. Que el Barcelona tenga una base que alimente a la selección de su país es una muestra más que una casualidad. Así es más fácil pensar un equipo en su esencia más pura, la del funcionamiento colectivo. En números: en Sudáfrica terminó sexta en cantidad de goles a favor (8, la cifra más baja para un campeón del mundo), pero fue la que más veces disparó al arco (121) y la que más atacó (107). Hizo en total 3.803 pases, casi mil más que el segundo, Alemania (2.865)...

Más. Jamás perdió en la batalla por la posesión de la pelota. Ni siquiera ayer, en su actuación más deslucida. Desde el debut para acá, dominó a Suiza más que a ninguno (63%, y pese a ello perdió el partido); fue superior a Honduras (57%), Chile (59%), Portugal (61%), Paraguay (59%), Alemania (51%) y Holanda (57%).

Contradicciones
Mundial 1974. Empieza la final. Holanda saca del medio de la cancha y hace circular la pelota. Johan Cruyff se para de líbero y distribuye el juego.El equipo da 15 pases consecutivos hasta que él, su máxima figura, irrumpe entre las camisetas blancas y es derribado dentro del área por Berti Vogts. El árbitro inglés John Taylor no duda: cobra penal. Johan Neeskens lo ejecuta y el marcador muestra 1-0 a los dos minutos de juego. Los alemanes todavía no tocaron la pelota...


El resto es historia conocida. El anfitrión da vuelta el partido, gana y deja a esa maravillosa "Naranja Mecánica" sin gloria. La historia igual la corona con el tiempo. Ayer buscaba su redención, saldar la deuda pendiente con la historia. Pero cambió el libreto. Demasiado y para mal. Entró a la cancha a pegar y pudo hacerlo todo el partido gracias a otro árbitro inglés, Howard Webb, que reinventó la biblia del "siga, siga". Nadie puede asegurar que la historia hubiera sido diferente. Menos contra esta España. Pero a veces de las derrotas se sacan buenas lecciones.

Sudáfrica premió el juego, aun cuando el campeón trambién peligró su continuidad en el torneo tras perder el primer partido. "Somos los románticos del fútbol", fue la frase de Del Bosque para la posteridad. La acompañará una imagen tierna, casi infantil: once hombres decididos a cuidar la pelota, sin prestársela a nadie, porque ya no se podía esperar más.


Fuente: Infobae




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