La rutina diaria de la mayoría de las personas está llena de presiones, exigencias y demandas. Estos estresores se imponen como imperativos de los cuales es difícil escapar y que lo único que fomentan es insatisfacción, ansiedad, baja autoestima, desórdenes alimentarios y depresión entre otros cuadros significativos. Es muy común que después de haber tenido un día difícil nos encontremos revisando la heladera buscando algo que nos calme y nos gratifique.
Muchas veces hay expectativas y ansiedad incrementada por lo que va a pasar al día siguiente. Cuando baja la actividad las personas nos conectamos más con nuestras emociones y sentimientos. La soledad, la incertidumbre, los temores, el hecho de tener que tomar decisiones importantes, se torna más amenazante por la noche. El encontrarnos solos, sin la mirada del otro que censura, es una invitación al descontrol. Muchas veces estos excesos condicionan como sigue la semana; si ya me desbandé esta noche, de nada sirve que me cuide el resto de la semana. “El lunes empiezo…. Otra vez”.
Por supuesto la culpa hace su aparición en la escena, condicionando como me voy a sentir al día siguiente y tal vez el resto de la semana. Evidentemente, estos episodios sobrepasan la necesidad que nos demanda el hambre real, y si reflexionamos más detalladamente, seguramente empecemos a notar que se encuentran ligados a situaciones emocionales que nos abruman. Con esto no nos referimos solo a la angustia, sino también a la ansiedad, enojo o cualquier otra emoción que nos invada en forma más o menos masiva.
Nuestro psiquismo tiene un límite de estrés y tolerancia a la hora de enfrentar nuestros desafíos diarios, por lo que es comprensible que todo lo que sobrepasa este límite debe manifestarse de alguna forma. Esto es lógico y debe ser tomado como una señal de alarma y de oportunidad para repensar nuestra calidad de vida.
El abordaje de esta problemática requiere de un trabajo interdisciplinario en el que se tenga en cuenta los aspectos individuales, nutricionales y psicológicos, de las personas que padecen diariamente esta dificultad. Trabajar con los tres pilares: nutrición, actividad física y aspectos psicológicos es lo que posibilita acceder a los objetivos y lo que es más difícil: poder sostenerlos en el tiempo.
Lic. Marian Durao (M.N. 43.899) Licenciada en Psicología. Especialista en Psicoterapia Cognitiva-Conductual y Sistémica. (Fundación Aiglé- Ackerman Institute for the Family. New York. USA). Docente UADE (Universidad Argentina de la Empresa) mariandurao@arnet.com.ar
Lic. Angeles Tanoira Zorraquin (M.N. 40.474) Licenciada en Psicología. Especialista en Psicología Clínica de Adultos (Hospital de Clínicas). Terapia Individual de Adolescentes y Adultos con enfoque cognitivo-conductual. Terapia Familiar de orientación sistémica. angie@datamarkets.com.ar
Fuente: Infobae
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