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Moda y Tendencias / 31-03-2013

Por nostalgia y falta de ideas, volver al pasado está de moda


Según los expertos, estos primeros años del siglo XXI no sorprenden con grandes novedades en cultura y consumo. Por eso se impone la retromanía. Pasa con la música, la ropa y hasta con los juguetes.


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Por nostalgia y falta de ideas, volver al pasado está de moda
Por nostalgia y falta de ideas, volver al pasado está de moda

Volvieron las Kesbun. Volvió el Fiat Chinquechento . Volvió el flúo. Volvió la chocotorta. Volvió el tiki-taka. Hasta volvieron los Pitufos. El tercer milenio parece una fiesta del recuerdo sin fin. Un Parque Centenario gigantesco. Una rockola imparable. Será por eso que Graduados le gana a Tinelli al ritmo de temas de Virus, Porchetto y Man Ray. La ciudad se llenó de bicisendas... ¿Y dónde están las naves espaciales que íbamos a usar en el siglo XXI? Lejos de todo lo imaginado, una característica del siglo XXI es que es "retro". ¿Qué pasa? ¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿Será cierto que lo viejo y conocido da seguridad? ¿O el vértigo actual empuja a buscar un sentido en el ayer? En su gran ensayo "Retromanía", Simon Reynolds se pregunta: "¿La nostalgia obstaculiza la capacidad de avanzar de nuestra cultura? ¿O somos nostálgicos precisamente porque nuestra cultura ha dejado de avanzar y por lo tanto debemos mirar inevitablemente hacia atrás en busca de momentos más potentes y dinámicos?" "Cuando pienso en los primeros diez años posteriores a la llegada del Futuro (el año 2000), la primera palabra que me viene a la mente es chatura... parece que no hubiera ocurrido nada importante", dispara Reynolds, crítico musical, 49 años. Como se ve, se siente perplejo por el fenómeno y dedica su libro básicamente a analizar dónde quedó la innovación y la rebeldía en la música. Pero, aclara, "esta enfermedad no se restringe a la música pop, por supuesto". Y habla de remakes de películas (La pantera rosa, Fama, Viaje al centro de la tierra...), series televisivas (Los duques de Hazzard, Los Angeles de Charlie, Superagente 86...), dibujitos animados (El oso Yogui, Los Pitufos...), además de la retromanía en la moda, los muebles, los juguetes, la comida.

En Buenos Aires hay negocios puramente retro.

Hay infinidad de páginas en Internet ofreciendo juguetes (desde el Simon, hasta los cubos mágicos, pasando por el Scalextric y los autitos Matchbox), vinilos, muebles de la abuela. Hay nuevas tribus urbanas que valorizan el pasado. Hasta se busca que las fotos sacadas con camarita digital sean retro: la aplicación Instagram, que les da un tono añejo, hace furor en las redes sociales.

Siempre atenta a las tendencias, la publicidad se mandó de lleno a explorar y potenciar el fenómeno. Lo llaman "retro marketing", o "flashback branding".

"Ayudanos a decidir qué snacks merecen volver", invitaba el sitio www.retrosnacks.com.ar que armó Pepsico. Y así fue que volvieron las Kesbun. También la Mountain Dew, los vasos viejos de Coca, los pochoclos en paquete. " La publicidad no hace más que retomar y amplificar el fenómeno.

Así, aparecen consignas como "Que vuelvan los lentos" de Doritos, o jugadores "fuera de agenda" en un comercial de DirecTV. Camisetas de fútbol, muñecos, muebles, electrónica y series de televisión parecen verdaderos objetos de deseo de quienes se aferran a lo retro como un modo de intentar congelar el paso de los años. Como una especie de De Lorean del Doc Brown de Volver al Futuro, revolver figuritas de los años setenta probablemente nos haga sentir aquellas mágicas sensaciones que experimentábamos en la escuela primaria . Y si fuimos felices, el sentimiento se potencia", dice Gustavo Mames, director de Interactivity.

"Es cierto que hay una afectación hacia lo retro, lo vintage. Es algo que cruza toda la cultura en general (mobiliario, música, diseño, juguetes, empapelados) y la publicidad acompaña ese proceso. No creo que la publicidad lo genere, sí que lo alimente", dice Matías Oks, de la agencia El Jardín.

Mariela Mociulsky, directora de Trendsity (analizan tendencias sociales, culturales y de consumo), explica: "Encontramos en los consumidores la necesidad de volver a lo conocido, que da seguridad.

En alimentación, por ejemplo, hay una vuelta a la sabiduría de las abuelas, a sus comidas, o a lo artesanal y hecho a mano.

Todo como defensa y contratendencia que intenta combatir la velocidad. Una necesidad de volver a las fuentes, a una vida más simple, con menos estímulos, que equilibra la rapidez, la multifuncionalidad y la eficiencia. Revivir algunas marcas y estéticas de viejos momentos es una especie de transporte hacia épocas idealizadas. Se da en la moda, la decoración, y productos de consumo masivo. Es una forma que tiene el mercado de acercar el sabor de la infancia, de lo puro o lo afectivo de esas épocas pasadas".

"Uno de los motivos que explican nuestra actual obsesión con el pasado es que nos hace sentir seguros, pero yo no estoy totalmente de acuerdo.

El pasado nos ayuda a dar sentido a cosas que van demasiado deprisa ", sostiene Elizabeth Guffey, autora de "Retro: The culture of revival".

Mames cita al neoyorquino Kirby Ferguson (creó el concepto "Todo es un remix"): "Muestra una vez más que la creatividad es el arte de recombinar elementos existentes. Y entonces cobra sentido la vuelta a aquellas ideas que fueron furor años atrás. No es que ahora no haya ideas buenas, ni que las anteriores hayan sido mejor. No es que todo tiempo pasado haya sido mejor, sino que es interesante rescatar la historia para construir el presente . Lo moderno pasa de moda y da lugar a lo nuevo, que es tan efímero como lo anterior. Ese es el signo de la modernidad".

Susana Saulquin, historiadora de moda, agrega otro condimento: la sustentabilidad. "Ya no va usar y tirar, hoy se recicla. Por eso se multiplican las marcas que tienen proyectos 'verdes', como Señor Amor, con ropa del Ejército de Salvación o Cosecha Vintage... Tiene que ver con el respeto, y con la crisis"" Nostalgia. Nuevo arte. Búsqueda de seguridad, de sentido. Conciencia verde.

¿La retromanía llegó para quedarse o resultará una fase histórica más?

, es otra de las tantas preguntas de Reynolds. A pesar de su tono pesimista, el libro tiene final feliz, acá va: "Yo todavía creo que el futuro está allá afuera".


Fuente: Clarín


cristian ferrarello
hola amigos, es muy lindo poder volver a saborear las kesbum, un sabor inigualable, me hace a cordar los domingos al mediodia cunado haciamos las picadas antes del gran almuerzo en familia, en casa de mis abuelos paternos, tengo 42 años, hoy volvi a disfrutarlas, aca en bahia blanca no se consiguen facilmente, solo las vie en la cooperativa obrera, ....habia otro snak muy rico que eran palitos finitos como escarbadientes con sal pegada en su exterior...como se llamaban??? los van a sacar tambien?? ...un abrazo grande espero su respuesta.


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