Interés General / 25-03-2016

Frágiles e inocentes ante otro aniversario del golpe


Se conmemoran cuarenta años del golpe cívico militar el 24 de marzo de este año, diferentes sectores de la sociedad y representantes de las instituciones se movilizarán en nombre de los derechos humanos.


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La presencia del presidente de Estados Unidos refuerza polémicas y memorias que chocan entre sí, máxime luego de la visita de Barack Obama a Cuba en la que también se puso sobre el tapete la cuestión de los derechos humanos. El reproche acerca de la existencia de presos políticos en Cuba por parte de Obama y el reproche sobre el centro de detención de Guantánamo que mantiene el gobierno estadounidense en la isla por parte de Raúl Castro. ¿Desde qué lugar hablan sobre estas cuestiones?, sobretodo cuando Castro pide no politizar a los derechos humanos. 

El enfoque general basado en derechos humanos identifica tanto a los sujetos de derecho como a los garantes y sus obligaciones, trabaja hacia el fortalecimiento de las capacidades de los sujetos para exigir estas demandas, y de los garantes para asegurar su cumplimiento. El creciente marco legal internacional establece el contexto para un enfoque basado en derechos humanos hacia el desarrollo, situando la legislación en derechos humanos al centro de la promoción del mismo; en este sistema, la población tiene el derecho a exigir al garante que es generalmente el Estado, en el cumplimiento de sus obligaciones en el marco del derecho internacional de respetar, proteger y realizar los derechos de las personas. 

Las guerras y masacres que marcaron al siglo XX desde sus comienzos han puesto “en jaque” toda esta concepción que fundamenta la “igualdad por naturaleza” ante la ley; despojándola de una concepción de historia lineal y progresiva -de la barbarie hacia la civilización-, para mostrar la condición humana en su peor faceta, no es desde la irracionalidad y la locura que se cometen estos crímenes. Por este motivo muchos autores encuentran en la literatura y en la tragedia griega una “función didáctica” para dar cuenta de los genocidios y las muertes en manos de seres humanos. 

La filosofía del derecho que ha tratado de romper con los mitos, el arte, la literatura, que ha “expulsado a los poetas de la polis”, encuentra su límite ante el horror de los campos de exterminio. Incluso la filosofía griega desde sus comienzos realiza este esfuerzo de ruptura con los mitos y con las creencias infundadas; la tragedia como expresión literaria de los mitos también es rechazada, el ciudadano debe reemplazar al actor, el drama debe ser sustituido y, en el mejor de los casos, diferenciado del escenario político en las asambleas. Pero el carácter “trágico” de la vida y la condición humana seguirá estando en los sucesos sociales; la tragedia de la guerra, del genocidio, de las masacres, de la exclusión de los “condenados de la tierra”. ¿Cómo dar cuenta de estas tragedias desde una racionalidad que excluye las miserias y deja bajo la sombra de la anomalía, de lo inhumano, estos crímenes? 

LA FRAGILIDAD DEL BIEN. Martha Nussbaum recupera el pensamiento trágico para abordar la problemática ética en la filosofía del derecho. Estos hechos de prisión, tortura, privación de la libertad, muerte, forman parte de la civilización y de la racionalidad. En el pensamiento trágico encontramos una clave de interpretación de estos sucesos, para Nussbaum son tres los aspectos del “conflicto práctico”: Personas buenas arrastradas a la ruina. Personas buenas realizando acciones malvadas. La realización de un acto reprobable cometido sin coerción física directa y con plena conciencia de su naturaleza por una persona cuyos compromisos y carácter morales la impulsarían normalmente a rechazarlo. 

Este conflicto o dilema moral es la base de la “capacidad de juzgar”, que es la posibilidad de discernir en términos de razones que se aducen a la hora de justificar un delito o un crimen como el argumento de “la guerra sucia”. Si consideramos, por ejemplo, los argumentos de la Ley de Obediencia Debida: se presume sin admitir prueba en contrario que quienes a la fecha de comisión del hecho revistaban como oficiales jefes, oficiales subalternos, suboficiales y personal de tropa de las fuerzas armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias, no son punibles por los delitos a que se refiere el art. 10, punto 1 de la ley 23.049 por haber obrado en virtud de obediencia debida; vemos de qué modo se construye un contexto de justificación de los asesinatos. 

El “cumplir con una orden” disminuye la pena, resulta interesante pensar los múltiples significados de la palabra “pena”: la pena que se aplica al reo, la pena de perder a un objeto amado, la pena de la separación de un ser querido, ¿valió la pena?, es una pena que… Para argumentar los fundamentos de esa ley resultó necesario hacer alusión al grado de responsabilidad de quien comete una acción reprochable como torturar, arrojar cuerpos al río desde un avión, someter a otro ser humano a tratos crueles… Los dilemas y encrucijadas en las que se encuentra el sujeto, son presentados en la letra de la ley positiva provocando, la mayoría de las veces, nuevos dilemas y cruces. Como muestra la tragedia, la fragilidad humana es el origen de la “fragilidad del bien”. 

LA INOCENCIA DEL MAL. Jorge Luis Borges asistió a un juicio a las Juntas Militares; en su libro Nada más que la verdad (1995) Sergio Ciancaglini y Martín Granovsky relatan los detalles de esa circunstancia. La carta de Borges a la que hacen mención estos autores, también se conoce con el nombre de “La inocencia del mal”. 

En esa carta Borges dice: he asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. Bajo el suplicio, había delatado a sus camaradas; éstos lo acompañarían después y le dirían que no se hiciera mala sangre, porque al cabo de unas “sesiones” cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros, enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día. (…) De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal. ¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente, descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo. (…) Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice. (…) 

Leyendo a Borges en esta carta nos preguntamos: ¿El mal puede ser inocente? ¿Alguien capaz de someter a otro ser humano a “ese milagro atroz que es el dolor físico” puede por un instante ser capaz de compartir un banquete? ¿Puede ser inocente el verdugo? Ciertamente no, lo que ocurre con el verdugo es su omnipotencia, él puede decidir sobre la vida y la muerte del otro, sólo él puede manejar las situaciones de dolor y de placer en el otro. Esta débil frontera entre el mal y el bien está subordinada a otra frontera, la que separa lo normal de lo patológico. El mal no es inocente, es omnipotente, mucho más si el que infringe dolor y desesperación ocupa un lugar de tanto poder. Pero, además, el verdugo no es inhumano, es “demasiado humano”, circunstancia que deja perplejo a todo aquel que confía en la condición humana. 

DÉCADAS Y SIGLOS. Cuarenta años que dan cuenta de la fragilidad humana, de la fragilidad de la memoria, de la fragilidad de la justicia, de la fragilidad de la verdad. Cuarenta años de la inocencia de todos los que no pueden comprometerse con la causa, los que piden olvido, los que esperan perdón. Entre la fragilidad y la inocencia los ciudadanos estamos obligados moralmente a conmemorar en plazas divididas, actos, homenajes cargados de sentido y sinsentido al mismo tiempo. Así como el siglo XIX ya anunciaba que los derechos humanos no eran universales, a pesar de las sucesivas declaraciones y convenciones que así lo expresan en el siglo XX, hoy los derechos humanos son invocados por una multiplicidad de voces y proclamas que muestran una vez más la fragmentación que los habita.


Fuente: El Diario.




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